lunes, 19 de julio de 2010

a ti hija


Hoy, al verte salir tan hermosa
y hecha toda una mujer,
he querido recordar,
cuando dentro de mi te llevé.
Con cuanto amor y ternura
mi vientre acariciaba,
para darte calor de madre
y que te sintieras amada.
Hoy, ya puedes tu, mi niña
ser madre también
y llevar en tus entrañas,
la vida de otro ser.
A Dios le pido en mis plegarias
que te conceda ese don
de ser madre algún día
como lo he sido yo.
Porque ese es, el don más maravilloso
que te pueda conceder,
poder sentir en tus entrañas,
la vida de otro ser.
Ojalá yo, pueda verte
y ayudarte en ese menester
de ver crecer a tus hijos
como a ti, te vi crecer.

LA EDAD DE LA AMISTAD


María tiene 15 años. Acaba de entrar en su casa. Viene de estar con una amiga. Unos minutos después, desde su habitación, comienza a enviar 'mensajitos' con su teléfono móvil. La madre de María no entiende que acabe de separarse de la amiga y quiera comunicarse con ella de nuevo.
En la pubertad y en la adolescencia, la independencia gradual de los hijos de sus padres coincide con la importancia creciente que adquieren para ellos los lazos de amistad. Esta relación no es casual si pensamos que la progresiva separación con respecto a sus progenitores, como referentes privilegiados de la infancia, deja paso a nuevos modelos de identificación: los iguales.

De ahí en adelante, los padres asisten, con más o menos perplejidad, a los cambios que se producen en sus hijos. Para entonces, las opiniones de los amigos, así como sus gustos, pasan a tener un peso hasta entonces inexistente y los intereses e ideas de los padres son objeto constante de fuertes cuestionamientos.

Apoyo extrafamiliar

Se trata de un momento de diferenciación y afirmación personal que necesariamente supone tomar distancia de los padres. Pero, al mismo tiempo, ese proceso deja al adolescente en un estado de indefensión e inseguridad. Es en ese período donde encuentra un apoyo especial en los amigos. Con ellos puede hablar de muchas cosas o permanecer en silencio, simplemente sintiendo la compañía de quien, como igual, atraviesa por circunstancias similares.

Así lo explica la psicoanalista Françoise Dolto en su libro La causa de los adolescentes: Entrará así en su adolescencia saliendo de la familia y mezclándose en grupos constituidos que, para él, tendrán momentáneamente un papel de sostén extrafamiliar. No puede abandonar completamente los modelos del medio familiar sin antes disponer de modelos de relevo.

Aclara que no son sustitutos, sino elementos de transición que contribuyen a su progresiva autonomía. Además, las grandes turbulencias físicas y psíquicas de esa época generan en los adolescentes un estado interior de gran malestar. En ese momento de inquietud y confusión, que ellos no pueden explicar, los amigos logran hacerles más soportable la vida.

jueves, 15 de julio de 2010

Inspire amor hacia el aprendizaje


Los niños que tienen amplio conocimiento y experiencia en una variedad de temas encontrarán el aprendizaje y la escuela más fácil y más interesante que aquellos que no los tienen. Los padres tienen el privilegio y la responsabilidad de compartir sus experiencias de vida con sus niños.
Hablar con sus niños sobre sus experiencias diarias les ayudará a usted y a su niño a entender mejor los diferentes puntos de vista, valores, sueños, e intereses de otras personas. Los padres no solamente necesitan hablarles, sino también escuchar a sus niños. Contestarles preguntas, o ayudarles a buscar respuestas, ayudará mucho a sus niños a desarrollar el valor de respeto a sí mismos.
Muchos padres piensan que actividades tales como ir al zoológico, museos, o presentaciones, compensarán el tiempo perdido con sus niños. Pero, también puede haber actividades educativas diarias, tales como ir al banco, ir de compras a la tienda, o hacer cualquier proyecto en casa. Los padres necesitan planear anticipadamente algunas cosas que pueden ayudar a su niño a descubrir el mundo.
Aquí hay algunas sugerencias para que usted y su niño disfruten de algunas actividades:
• Miren noticias o programas educativos por televisión.
• Renten o compren videos educativos.
• Visiten museos de historia natural, ciencia, arte, museos para niños, zoológicos, jardines botánicos, y algunos lugares históricos de su lugar.
• Visiten parques y bosques de la ciudad, o hagan un viaje corto a un lugar cercano.
• Lean artículos en el periódico, noticias, y algún otro tipo de revistas.
• Vayan a la biblioteca pública.
• Hagan de las vacaciones una experiencia de aprendizaje.
• Hagan pequeñas fiestas con un "tema" especial para los niños. Por ejemplo, una fiesta de disfraces alegóricos a una época, una presentación teatral, la imaginación es importante en este tipo de actividades.
Algo importante que los padres deben recordar es que ellos son los profesores más importantes en la vida de sus niños. Los niños desde que nacen muestran ansiedad por aprender, pero los padres necesitan ayudarles a canalizar ese aprendizaje. Hablar con los niños antes, durante, y después de cualquier actividad les ayuda a aprender los pasos necesarios en el aprendizaje.
Esta conversación también mejorará la comunicación y relación diaria con su niño. Cuanto más hable el uno con el otro, mejor será la comunicación y más placentera, y mejor conocerá usted a su niño.

lunes, 5 de julio de 2010

Matrimonios en etapas critica ¿cómo afecta a los hijos?


En los últimos años parece que cada vez se da un índice desmesurado de separaciones y crisis conyugales, aunque también es verdad que cada vez más las parejas buscan soluciones en los profesionales del comportamiento.
Publicado en http://personales.com/espana/madrid/apsired/crisis-de-pareja.htm
En la vida cotidiana en pareja todo gira siempre a torno a pequeñeces cotidianas que emergen una y otra vez intentando romper la estabilidad lograda. Hay que decir antes de nada que en toda relación de pareja sobrevienen crisis o momentos difíciles que son completamente normales y que se inscriben dentro del proceso normal de maduración conyugal. La vida en pareja tiene una serie de etapas bastante estandarizadas que pueden llevar a situaciones de riesgo, sin embargo son crisis de crecimiento, de compenetración y maduración. De un modo general podemos distinguir los siguientes periodos:
Etapa de formación de la estabilidad de la pareja. Es aquella fase inicial posterior a la fase de enamoramiento cuando se atraviesa la barrera de estar con uno mismo a pensar que se está con una persona con la que se puede llegar a compartir la vida.
Etapa de afirmación. Es la etapa de los primeros años de la unión estable de la pareja, bajo un mismo techo. Las personalidades están madurando pero es un proceso de adaptación costoso donde cada miembro de la pareja intentara imponer sus condiciones y en esa búsqueda del equilibrio estará el triunfo de la relación. Es una etapa donde tiene que reinar la tolerancia, el saber escuchar y llegar a compromisos. Suele ser la etapa de la llegada de los hijos que suponen una fuente de estrés importante.
Etapa de la mitad de la vida. Es una etapa de análisis minucioso del tiempo vivido, una etapa de balances. Es una etapa peligrosa para la relación de pareja si esta no tiene unas bases fuertes. En esta época la pareja puede morirse por cansancio y aburrimiento entre ambos, no hay nada que decirse, no se comparten hechos, impresiones, ilusiones futuras. Por otro lado pueden aparecer relaciones extraconyugales, los miembros de la pareja se sienten impelidos por estímulos novedosos, el tercero/a en discordia, y además suele suponer una inyección para “el ego de la persona”, ya que se ve con la capacidad para atraer y seducir a alguien. Si se dan relaciones extraconyugales las consecuencias serán negativas a medio o largo plazo para la pareja.
Etapa de la vejez. En esta etapa, la pareja que se ha mantenido firme y unida se une más estrechamente y el amor se hace más rico, mas autentico, comprensivo y sólido. Cuando han existido rupturas, la situación se experimenta de otro modo y es habitual que asomen sentimientos de culpa, frustración o desencanto, que dan una visión negativa y triste de la vida en común.
A continuación vamos a explicar que diferentes tipos de crisis pueden afectar a las parejas a lo largo de su relación:
Desgaste de la convivencia. En todas las parejas se dan crisis por el simple hecho de vivir juntos, es un desgaste normal. Una condición básica de la pareja madura es amar al otro con sus cosas positivas y negativas, pero después de haber intentado suprimir los ingredientes negativos que más afectan a la armonía conyugal.
Crisis de identidad. Son aquellas situaciones donde uno de los miembros de la pareja empieza a preguntarse cosas sobre su vida familiar, profesional. Al hacer balance de su vida en pareja no se siente feliz o duda sobre si es la vida que quería llevar. Podríamos hablar de comportamientos inmaduros típicos de personas que no saben lo que quiere, personas que han crecido sin un modelo de identidad, que no se conocen a si mismas, que tienen fuertes contradicciones internas y muchas veces una absoluta falta de responsabilidad.
Infidelidades. Por regla general este tipo de crisis son graves y suelen deslizarse hacia la ruptura, están teñidas de fuertes tensiones emocionales y de un acentuado deterioro de la vida en pareja. A veces se mantiene la vida de la pareja gracias a la capacidad de renuncia y sufrimiento de una de las partes, que llega a tener comportamientos verdaderamente heroicos.
Intromisión de la familia política. En este tipo de crisis lo que suele suceder es que la actuación desacertada e inoportuna de alguna parte de la familia política provoca una situación difícil y cargada de tensiones psicológicas.
Excesiva dedicación a la vida profesional. Aquí la clave va a residir en un excesivo tiempo dedicado a la vida profesional. Se da mucho mas en los hombres, sobre todo profesionales liberales que cada vez tienen menos tiempo para él y su familia puesto que su trabajo le ocupa la mayor parte del tiempo. En estas situaciones muchas veces se encuentran relaciones extraconyugales que aun complican mas la situación.
Enfermedad psíquica de uno de los miembros de la pareja. Cuando uno de los miembros de la pareja sufren trastornos psicológicos o psiquiátricos se dan crisis importantes. Aunque afortunadamente la mayoría son trastornos pasajeros (ansiedad, depresión) a veces se dan auténticos problemas de tipo psiquiátrico (paranoia, delirios, esquizofrenia) que hacen muy difícil la convivencia.
Monotonía. Es la crisis que se da cuando la vida se vuelve vacía, insípida, uniforme, aburrida, insustancial, etc. En este tipo de crisis lo que falta son recursos para evitar la rutina y su pronostico puede mejorar si ambos miembros de la pareja hacen algo por combatir el tedio.
Ascenso profesional no compartido. Por lo general estas crisis tienen lugar porque uno de los miembros de la pareja ha tenido un importante ascenso profesional en breve tiempo, dejando a su pareja en un cierto desnivel. Generalmente se da mas en hombres; las mujeres no han seguido los pasos de ellos porque han tenido otras ocupaciones y porque el hombre cada vez hace menos vida familiar.

Relación de los famosos al momento de ser padres


La fama no siempre es color de rosa, ya lo sabemos muy bien. Y como todo empieza en casa, es muy común que los famosos no tengan una buena relación con sus padres, ya sea porque los culpan de sus males o porque los grandulones hacen cualquier cosa por ganar un poco de la fama de sus hijos.
Vaya uno a saber por qué, esta mala relación se da particularmente entre hijas famosas y padres varones. Para que sepan de lo que hablo, hoy les traigo una breve reseña de los peores casos.
Jamie Spears Vs. Britney Spears. Con la excusa de que un juez dictaminó que Brit está desequilibrada, su padre tiene el control sobre sus finanzas y cobra 16 mil dólares mensuales de base tan sólo por cuidar a su hija, algo que cualquier padre “normal” haría de corazón y, por sobre todo, gratis. Lo peor: hace un año, Britney aseguró que su padre la amenazó varias veces con quitarle sus hijos. ¿A ningún juez se le ocurrió pensar que gran parte del estrés que carga Brit–Brit pueda provenir de la presión que le impone el Sr. Spears desde que era una niña?

Algunas mujeres pueden sufrir de depresión después del parto


La depresión post parto consiste en el desarrollo de una depresión en la madre tras el nacimiento de su hijo. A veces, esta depresión puede tener una fácil explicación, bien porque el hijo no ha sido deseado o porque no es normal. Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones la depresión parece no tener sentido: "Deseaba tanto tener este hijo y ahora que lo tengo me siento completamente desdichada", "¿Qué me está pasando?", "El parto fue magnífico, mucho mejor de lo que esperaba, y todo el mundo se portó maravillosamente conmigo, especialmente mi marido. Yo debería dar saltos de alegría", "Tenía miedo que el bebé tuviera algún defecto al nacer, pero es perfecto", " Entonces, ¿Porqué no lo estoy disfrutando?, Quizás no valgo para ser madre".

Las mujeres que pasan por esta situación no son unas desagradecidas o unas malas madres sino que están experimentando una de las complicaciones más frecuentes del parto, la depresión post parto, un trastorno que todavía sufren en silencio un gran número de mujeres.
Estadísticas de la depresión posparto
La depresión post parto es una de las enfermedades más frecuentes tras el parto ya que afecta a una de cada diez parturientas. Cerca de 15% de las madres que acaban de dar a luz en el mundo sufren una depresión severa que les impide disfrutar de su maternidad. La mayoría de los casos surge en el primer mes tras el parto, aunque en ocasiones este trastorno puede dar la cara seis meses más tarde.
Causas de la "melancolía de la maternidad"
Todavía no se sabe, con exactitud porqué las mujeres desarrollan depresiones post parto como para poder estar seguros de quien la desarrollará y quién no. Probablemente no existe una causa única sino más bien diferentes tipos de estrés que pueden tener la misma consecuencia o que pueden actuar conjuntamente. Los niveles de hormona cambian durante el embarazo e inmediatamente después del parto. Esos cambios hormonales pueden producir cambios químicos en el cerebro que juegan un papel clave para causar la depresión. Además, existen algunos "factores de riesgo" que se debe conocer:

- Alguna historia previa de depresión (especialmente de depresión post parto).
- Falta de apoyo por parte de la pareja.
- Un bebé prematuro o con cualquier tipo de enfermedad.
- El que la nueva madre hubiera perdido a su madre cuando era niña.
- Una acumulación de acontecimientos vitales adversos, como el fallecimiento de un ser querido, la pérdida del empleo de la paciente o de su pareja, problemas económicos, problemas de vivienda.

Sin embargo, una mujer puede sufrir una depresión post parto sin que se aprecie ninguna razón obvia para la misma.

lunes, 21 de junio de 2010

El arte de amar entre padres e hijos


Al nacer, el infante sentiría miedo de morir si un gracioso destino no lo protegiera de cualquier conciencia de la angustia implícita en la separación de la madre y de la existencia intrauterina. Aun después de nacer, el infante es apenas diferente de lo que era antes del nacimiento; no puede reconocer objetos, no tiene aún conciencia de sí mismo, ni del mundo como algo exterior a él. Sólo siente la estimulación positiva del calor y el alimento, y todavía no los distingue de su fuente: la madre. La madre es calor, es alimento, la madre es el estado eufórico de satisfacción y seguridad. Ese estado es narcisista, para usar un término de Freud. La realidad exterior, las personas y las cosas, tienen sentido sólo en la medida en que satisfacen o frustran el estado interno del cuerpo. Sólo es real lo que está adentro; lo exterior sólo es real en función de mis necesidades -nunca en función de sus propias cualidades o necesidades-. Cuando el niño crece y se desarrolla, se vuelve capaz de percibir las cosas como son; la satisfacción de ser alimentado se distingue del pezón, el pecho de la madre. Eventualmente, el niño experimenta su sed, la leche que le satisface, el pecho y la madre, como entidades diferentes. Aprende a percibir muchas otras cosas como diferentes, como poseedoras de una existencia propia: En ese momento empieza a darles nombres. Al mismo tiempo aprende a manejarlas; aprende que el fuego es caliente y doloroso, que el cuerpo de la madre es tibio y placentero, que la mamadera es dura y pesada, que el papel es liviano y se puede rasgar. Aprende a manejar a la gente; que la mamá sonríe cuando él come; que lo alza en sus brazos cuando llora; que lo alaba cuando mueve el vientre. Todas esas experiencias se cristalizan o integran en la experiencia: me aman. Me aman porque soy el hijo de mi madre. Me aman porque estoy desvalido. Me aman porque soy hermoso, admirable. Me aman porque mi madre me necesita. Para utilizar una fórmula más general: me aman por lo que soy, o quizá más exactamente, me aman porque soy. Tal experiencia de ser amado por la madre es pasiva. No tengo que hacer nada para que me quieran -el amor de la madre es incondicional-. Todo lo que necesito es ser -ser su hijo-. El amor de la madre significa dicha, paz, no hace falta conseguirlo, ni merecerlo. Pero la cualidad incondicional del amor materno tiene también un aspecto negativo. No sólo es necesario merecerlo, mas también es imposible conseguirlo, producirlo, controlarlo. Si existe, es como una bendición; si no existe, es como si toda la belleza hubiera desaparecido de la vida -y nada puedo hacer para crearla-.
Para la mayoría de los niños entre los ocho y medio a los diez años (Cf. la descripción que de ese desarrollo hace Sullivan en The Interpersonal Theory of Psychiatry, Nueva York, W. W. Norton and Co., 1953.), el problema consiste casi exclusivamente en ser amado -en ser amado por lo que se es-. Antes de esa edad, el niño aún no ama; responde con gratitud y alegría al amor que se le brinda. A esa altura del desarrollo infantil, aparece en el cuadro un nuevo factor: un nuevo sentimiento de producir amor por medio de la propia actividad. Por primera vez, el niño piensa en dar algo a sus padres, en producir algo -un poema, un dibujo, o lo que fuere-. Por primera vez en la vida del niño, la idea del amor se transforma de ser amado a amar, en crear amor. Muchos años transcurren desde ese primer comienzo hasta la madurez del amor. Eventualmente, el niño, que puede ser ahora un adolescente, ha superado su egocentrismo; la otra persona ya no es primariamente un medio para satisfacer sus propias necesidades. Las necesidades de la otra persona son tan importantes como las propias; en realidad, se han vuelto más importantes. Dar es más satisfactorio, más dichoso que recibir; amar, aún más importante que ser amado. Al amar, ha abandonado la prisión de soledad y aislamiento que representaba el estado de narcisismo y autocentrismo. Siente una nueva sensación de unión, de compartir, de unidad. Más aún, siente la potencia de producir amor -antes que la dependencia de recibir siendo amado- para lo cual debe ser pequeño, indefenso, enfermo -o "bueno"-. El amor infantil sigue el principio: "Amo porque me aman." El amor maduro obedece al principio: "Me aman porque amo." El amor inmaduro dice: "Te amo porque te necesito." El amor maduro dice: "Te necesito porque te amo."
En estrecha relación con el desarrollo de la capacidad de amar está la evolución del objeto amoroso. En los primeros meses y años de la vida, la relación más estrecha del niño es la que tiene con la madre. Esa relación comienza antes del nacimiento, cuando madre e hijo son aún uno, aunque sean dos. El nacimiento modifica la situación en algunos aspectos, pero no tanto como parecería. El niño, si bien vive ahora fuera del vientre materno, todavía depende por completo de la madre. Pero día a día se hace más independiente: aprende a caminar, a hablar, a explorar el mundo por su cuenta; la relación con la madre pierde algo de su significación vital; en cambio, la relación con el padre se torna cada vez más importante.
Para comprender ese paso de la madre al padre, debemos considerar las esenciales diferencias cualitativas entre el amor materno y el paterno. Hemos hablado ya acerca del amor materno. Ese es, por su misma naturaleza, incondicional. La madre ama al recién nacido porque es su hijo, no porque el niño satisfaga alguna condición específica ni porque llene sus aspiraciones particulares. (Naturalmente, cuando hablo del amor de la madre y del padre, me refiero a "tipos ideales" -en el sentido de Max Weber o en el del arquetipo de Jung- y no significo que todos los padres amen en esa forma. Me refiero al principio materno y al paterno, representados en la persona materna y paterna.) El amor incondicional corresponde a uno de los anhelos más profundos, no sólo del niño, sino de todo ser humano; por otra parte, que nos amen por los propios méritos, porque uno se lo merece, siempre crea dudas; quizá no complací a la persona que quiero que me ame, quizás eso, quizás aquello -siempre existe el temor de que el amor desaparezca-. Además, el amor "merecido" siempre deja un amargo sentimiento de no ser amado por uno mismo, de que sólo se nos ama cuando somos complacientes, de que, en último análisis, no se nos ama, sino que se nos usa. No es extraño, entonces, que todos nos aferremos al anhelo de amor materno, cuando niños y también cuando adultos. La mayoría de los niños tienen la suerte de recibir amor materno (más adelante veremos en qué medida). Cuando adultos, el mismo anhelo es más difícil de satisfacer. En el desarrollo-más satisfactorio, permanece como un componente del amor erótico normal; muchas veces encuentra su expresión en formas religiosas, pero con mayor frecuencia en formas neuróticas.
La relación con el padre es enteramente distinta. La madre es el hogar de donde venimos, la naturaleza, el suelo, el océano; el padre no representa un hogar natural de ese tipo. Tiene escasa relación con el niño durante los primeros años de su vida, y su importancia para éste no puede compararse a la de la madre en ese primer período. Pero, si bien el padre no representa el mundo natural, significa el otro polo de la existencia humana; el mundo del pensamiento, de las cosas hechas por el hombre, de la ley y el orden, de la disciplina, los viajes y la aventura. El padre es el que enseña al niño, el que le muestra el camino hacia el mundo.
En estrecha conexión con esa función, existe otra, vinculada al desarrollo económico-social. Cuando surgió la propiedad privada, y cuando uno de los hijos pudo heredar la propiedad privada, el padre comenzó a seleccionar al hijo a quien legaría su propiedad. Desde luego, elegía al que consideraba mejor dotado para convertirse en su sucesor, el hijo que más se le asemejaba y, en consecuencia, el que prefería. El amor paterno es condicional. Su principio es "te amo porque llenas mis aspiraciones, porque cumples con tu deber, porque eres como yo". En el amor condicional del padre encontramos, como en el caso del amor incondicional de la madre, un aspecto negativo y uno positivo. El aspecto negativo consiste en el hecho mismo de que el amor paterno debe ganarse, de que puede perderse si uno no hace lo que de uno se espera. A la naturaleza del amor paterno débese el hecho de que la obediencia constituya la principal virtud, la desobediencia el principal pecado, cuyo castigo es la pérdida del amor del padre. El aspecto positivo es igualmente importante. Puesto que el amor de mi padre es condicional, es posible hacer algo por conseguirlo; su amor no está fuera de mi control, como ocurre con el de mi madre.
Las actitudes del padre y de la madre hacia el niño corresponden a las propias necesidades de ése. El infante necesita el amor incondicional y el cuidado de la madre, tanto fisiológica como psíquicamente. Después de los seis años, el niño comienza a necesitar el amor del padre, su autoridad y su guía. La función de la madre es darle seguridad en la vida; la del padre, enseñarle, guiarlo en la solución de los problemas que le plantea la sociedad particular en la que ha nacido. En el caso ideal, el amor de la madre no trata de impedir que el niño crezca, no intenta hacer una virtud de la desvalidez. La madre debe tener fe en la vida, y, por ende, no ser exageradamente ansiosa y no contagiar al niño su ansiedad. Querer que el niño se torne independiente y llegue a separarse de ella debe ser parte de su vida. El amor paterno debe regirse por principios y expectaciones; debe ser paciente y tolerante, no amenazador y autoritario. Debe darle al niño que crece un sentido cada vez mayor de la competencia, y oportunamente permitirle ser su propia autoridad y dejar de lado la del padre.
Eventualmente, la persona madura llega a la etapa en que es su propio padre y su propia madre. Tiene, por así decirlo, una conciencia materna y paterna. La conciencia materna dice: "No hay ningún delito, ningún crimen, que pueda privarte de mi amor, de mi deseo de que vivas y seas feliz." La conciencia paterna dice: "Obraste mal, no puedes dejar de aceptar las consecuencias de tu mala acción, y, especialmente, debes cambiar si quieres que te aprecie." La persona madura se ha liberado de las figuras exteriores de la madre y el padre, y las ha erigido en su interior. Sin embargo, y en contraste con el concepto freudiano del superyó, las ha construido en su interior sin incorporar al padre y a la madre, sino elaborando una conciencia materna sobre su propia capacidad de amar, y una conciencia paterna fundada en su razón y su discernimiento. Además, la persona madura ama tanto con la conciencia materna como con la paterna, a pesar de que ambas parecen contradecirse mutuamente. Si un individuo conservara sólo la conciencia paterna, se tornaría áspero e inhumano. Si retuviera únicamente la conciencia materna, podría perder su criterio y obstaculizar su propio desarrollo o el de los demás.
En esa evolución de la relación centrada en la madre a la centrada en el padre, y su eventual síntesis, se encuentra la base de la salud mental y el logro de la madurez. El fracaso de dicho desarrollo constituye la causa básica de la neurosis. Si bien está más allá de los propósitos de este libro examinar más profundamente este punto, algunas breves observaciones servirán para aclarar esa afirmación.
Una de las causas del desarrollo neurótico puede radicar en que el niño tiene una madre amante, pero demasiado indulgente o dominadora, y un padre débil e indiferente. En tal caso, puede permanecer fijado a una temprana relación con la madre, y convertirse en un individuo dependiente de la madre, que se siente desamparado, posee los impulsos característicos de la persona receptiva, es decir, de recibir, de ser protegido y cuidado, y que carece de las cualidades paternas -disciplina, independencia, habilidad de dominar la vida por sí mismo-. Puede tratar de encontrar "madres" en todo el mundo, a veces en las mujeres y a veces en los hombres que ocupan una posición de autoridad y poder. Si, por el contrario, la madre es fría, indiferente y dominadora, puede transferir la necesidad de protección materna al padre y a subsiguientes figuras paternas, en cuyo caso el resultado final es similar al caso anterior, o se convierte en una persona de orientación unilateralmente paterna, enteramente entregado a los principios de la ley, el orden y la autoridad, y carente de la capacidad de esperar o recibir amor incondicional. Ese desarrollo se ve intensificado si el padre es autoritario y, al mismo tiempo, muy apegado al hijo. Lo característico de todos esos desarrollos neuróticos es el hecho de que un principio, el paterno o el materno, no alcanza a desarrollarse, o bien -como ocurre en muchas neurosis serias que los papeles de la madre y el padre se tornan confusos tanto en lo relativo a las personas exteriores como a dichos papeles dentro de la persona. Un examen más profundo puede mostrar que ciertos tipos de neurosis, las obsesivas, por ejemplo, se desarrollan especialmente sobre la base de un apego unilateral al padre, mientras que otras, como la histeria, el alcoholismo, la incapacidad de autoafirmarse y de enfrentar la vida en forma realista, y las depresiones, son el resultado de una relación centrada en la madre.
Autor: Erich Fromm